21/1/12

La malicia de los justos

'La dictadura de la virtud es una de las peores dictaduras que se hayan imaginado y realizado. Se implanta la inquisición, los servicios de inteligencia, los censores doctrinales, los tribunales de ética. Cuantos no se ajustan a los patrones de virtud fijados van a parar a las cárceles, a los campos de concentración o son eliminados' Ruben Dri

'Los hombres, en esta condición predominante, se apegan a la ilusión de que son mejores que los demás, y vuelcan toda su energía a sostener y fortalecer esta imagen. Para que otros también vean esta fachada encantadora, jamás revelan sus verdaderos sentimientos. Aunque actúan con bondad, la fuerza que los impulsa es el deseo devorador de superar a todos'
Daisaku Ikeda 

Una antigua sentencia latina dice: summun ius, summa iniuria.  Es decir, la máxima justicia es la mayor injusticia.

Esa paradójica afirmación encierra una profunda sabiduría. Una cuyo alcance, a nuestro juicio, va más allá del campo específico de la justicia institucional, sea civil, religiosa, militar u otra.  Pues, la sentencia nos habla de la relación entre la conciencia humana encarnada en el mundo, y los ideales universales abstractos en cualquier nivel de sentido que se los considere.

La paradoja señala que cuando se quiere aplicar un ideal universal y abstracto, cualquiera que sea, al mundo concreto, el ideal invierte su sentido... 

Y tan pronto se capta el nudo vital de la cuestión, se capta también que no podría ser de otra manera. Pues el mundo es una fina, compleja y cambiante malla de particularidades, interdependencias y contradicciones. Y, por lo mismo, contiene siempre algo más que aquello que está considerado y/o supuesto en el ideal concebido en abstracto. 

Por eso, quien se presume justo, quien cree ser recto (ya sea en el orden moral, político, religioso, epistemológico, u otro) es siempre, en alguna medida, hipócrita y cruel. 

La humanidad ha conocido en diversas culturas y épocas,  y en distintos dominios de la existencia, numerosos ejemplos paradigmáticos de lo que decimos: 

El religioso que tortura y mata en nombre de la justicia divina; el revolucionario que implanta una tiranía en nombre de la justicia social; el  político que instaura una hegemonía coercitiva en nombre de una noción de 'pueblo' de la que se han suprimido las singularidades que conforman al pueblo real; el tradicionalista que demoniza al mundo moderno, incluidas las tradiciones que sobreviven en él,  en nombre de una tradición pura inexistente; el moralista que condena y humilla al prójimo por inclinaciones y debilidades cuya posibilidad intuye en sí mismo pero no puede aceptar; etc. 

No es difícil ver que la destructividad de los justos proviene de su unilateralidad.  Pero esa unilateralidad se alimenta, a su vez, de otra cosa: se alimenta de la vieja pasión humana de afirmarse a sí mismo en desmedro de los otros.    

Pues, al afirmar unilateralmente su ideal, el justo se afirma a sí mismo. Al condenar, impugnar y excluir al otro en nombre de ese ideal, se complace en la satisfacción ilusoria de ser distinto y superior a aquello que rechaza. Así, al condenar, se exime de falta; al impugnar, se valida a sí mismo; al excluir, se afirma en su propia identidad. 

La verdadera pasión del justo, entonces, no es el ideal que proclama sino él mismo; es decir, su propio ego.  

Así, el justo no quiere tanto realizar su ideal como escapar de la escisión interior que lo acicatea constantemente y no lo deja en paz.  Pues, el justo también, como esos otros a los que condena, pertenece al mundo. Por lo tanto, ni su propia conciencia ni su existencia concreta encajan nunca perfectamente en el ideal. 

Ahora bien, esa figura humana que aquí, ad hoc, hemos llamado el 'justo', se corresponde, salvando las distancias, con aquello que Hegel denominaba el 'alma bella'. 

El alma bella es el  alma que se presume pura porque se instala de manera abstracta en un ideal universal exento de las contradicciones y limitaciones particulares de la vida concreta.  Y al asumir el contenido puro y el valor incontaminado de ese ideal como si fueran suyos, el alma bella se afirma a sí misma, mientras condena a los otros, sin comprender la falsedad que subyace a su postura. 

Como dice Hegel, el alma bella 'contrapone al mal la belleza de su alma', sin poder reconocer que en ese mismo enjuiciamiento del otro y en esa salvaguarda de sí misma consiste su propio mal.    

Pero, Hegel no concebía al alma bella como un simple tipo psicológico, es decir como un tipo humano dentro del cual quedarían subsumidos unos individuos y no otros, sino como una figura 'ontológica' de la conciencia como tal.  

De modo que todos, en algún momento y en algún contexto, pasamos por dicha figura. Es decir, somos definidos en nuestro modo de ser y de comprender por la figura del alma bella. 

Así, y esto es importante para no caer en la misma ilusión que comentamos, comprender la hipocresía y crueldad del justo, en cualquier ámbito, no consiste en limitarse a reconocerla allí donde se manifiesta sino en asumir la verdad de esa figura como una posibilidad inherente a la condición humana. Y por lo tanto como una posibilidad latente en cada uno de nosotros.

Asumir como propia esa figura a fin de superarla, supone el reconocimiento de la escisión interior que el justo niega y rechaza expulsándola hacia afuera. Y ese reconocimiento de la propia escisión es, a la vez y por su misma naturaleza, el reconocimiento de los otros y de la mutua implicación entre nosotros y ellos.   

El budismo llama a esa mutua implicación: interdependencia.  Pero interdependencia, en este contexto, no alude a un lazo exterior entre seres existentes cada uno de por sí y condicionados por su mutua dependencia, sino al profundo misterio por el que cada uno es, en esencia, a la vez el mismo y el otro. 

Para decirlo con las palabras de ese singular artista y pensador que fue Macedonio Fernández:

"... donde quiera que alguien se reconoce a sí, ese eres tú"  

Por eso, la justicia, lo 'recto' en cualquier nivel de sentido que se lo considere, no se realiza por la sujeción exterior a una norma o un ideal concebido en abstracto, sino a través de un ethos comunitario capaz de orientar interiormente a los involucrados y de elevarlos por encima de sus limitaciones individuales.   

En definitiva se trata de la diferencia entre la ley abstracta que quiere imponerse exteriormente a todos, y el genuino principio (arché) interiormente reconocido y que, por lo tanto, mueve a los seres desde dentro y los conduce hacia sí.  




Referencias:
La cita de Rubén Dri está tomada de su libro 'Razón y libertad' {editado por Biblos, Bs. As.}. 

Las palabras de Ikeda pertenecen a su obra 'Desvelando los misterios del nacimiento y la muerte' {editado por Emecé, Bs. As.}. 

El origen de la sentencia latina se pierde en la noche de los tiempos. Pero se sabe que aparece, en el siglo I a.C., citada como frase proverbial en la obra Cicerón 'De Officiis'. 
    
Hegel desarrolla la figura del alma bella en el capítulo VI de su 'Fenomenología del Espíritu' {editado por FCE, México}.

La noción de interdependencia en el budismo aparece en los más antiguos sutras como doctrina del 'origen dependiente', y luego adquiere diversos desarrollos, particularmente en el seno del movimiento Mahayana. Entre las elaboraciones más acabadas de dicha doctrina se encuentra la enseñanza de la 'posesión mutua de los diez estados'.  En el libro de Ikeda que citamos arriba puede leerse una presentación somera de la misma, y también en su escrito 'La vida, un enigma' {Emecé, Bs. As.}.

La frase de Macedonio Fernández pertenece a su reflexión 'El ensueño es un trámite', y forma parte de la colección de textos metafísicos del autor agrupados con el título 'No toda es vigilia la de los ojos abiertos' {Centro editor de América Latina, de Bs. As.}. 

7/1/12

Vigencia de la esclavitud

"¿Y este recuperar uno el conocimiento de sí mismo, no es recordar?"
Platón

"La memoria trae a la conciencia los arquetipos, los personajes y acontecimientos fundantes, aquellos que tuvieron lugar en el origen de todo sujeto, ya se trate del sujeto individual que es cada uno de nosotros, ya del sujeto colectivo como la tribu, el clan, la polis, el feudo, el Estado, la iglesia, la clase social o la universidad"
Ruben Dri

Se ha dicho que todo pueblo, como todo individuo, tiene una misión específica que cumplir en el mundo. Misión que, a la vez,  concierne, de uno u otro modo, al todo de la humanidad. 

Pues bien, el pueblo de Haití tuvo la misión de liberarse a sí mismo de la esclavitud. Y con ello dar al mundo un testimonio y una enseñanza acerca del significado universal de la esclavitud y de la liberación.      

La historia de Haití es la historia del crimen por el que muchos hombres y mujeres fueron arrancados del entramado vital y simbólico que definía su existencia, para ser sometidos a la esclavitud.  Así como de la dura recuperación y reconstrucción de ese entramado, la valiente lucha por la libertad y la liberación final de la esclavitud.

Se trata de una historia sagrada. Y una historia sagrada desborda los datos empíricos considerados  en su significación social y política, pues los integra al plano del alma y su relación con el mundo del espíritu.

Esa historia señala hacia un arquetipo que está más allá de la causalidad histórica; y que puede ser reconocido también en la historia de otros pueblos, así como en diversos relatos mitológicos, visionarios y escrituras sagradas.

Así, por ejemplo, el pueblo judío, que experimentó en su propia historia la esclavitud y la liberación,  rememora, desde hace siglos, el  libro bíblico Deuteronomio. En el cual se lee, entre otras cosas, lo siguiente:  

"... y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros"

Pero esa epopeya de esclavitud, aflicción y posterior liberación con el auxilio divino, es, como venimos diciendo, un arquetipo universal de la humanidad.  Para decirlo con las palabras de un estudioso de la tradición espiritual judía, Fredrich Weinreb:

"¿Acaso el éxodo de Egipto no es el patrón con el cual está sellado cada nacimiento y cada muerte individual?"

De modo que aproximarse a la experiencia de Haití de cara al arquetipo que la misma revela, es algo muy distinto a estudiarla en la perspectiva de una causalidad socio política. Pues en una historia sagrada, en una ‘hiero historia’ para usar una expresión de Henry Corbin, los acontecimientos son a la vez  hechos, significaciones y teofanías.

En palabras del propio Corbin:

"Lo que nosotros percibimos como un acontecimiento de la historia puede haber sido percibido, y serlo actualmente, como algo que sucede en el plano de una hierohistoria y que no ofrece significado sino en relación a una metahistoria"

Hiero-historia y meta-historia que no niegan la historia como tal sino que integran la exterioridad de sus evidencias empíricas, y las explicaciones racionales que pretenden dar cuenta de las mismas,  a la interioridad del alma humana y su relación con los planos trascendentes de la existencia.   

Entonces,  ¿qué nos enseña la teofanía histórica de la liberación de Haití? 

Nos enseña, entre otras cosas, que los esclavos secuestrados de tierras africanas no sólo fueron sometidos, maltratados y abusados de diversos modos, sino que, ante todo, fueron despojados de su memoria.  Y por lo tanto, despojados de la trama constitutiva de su ser y su identidad.

A ese proceso de despojamiento, a ese vaciamiento de la condición humana de esos hombres y mujeres, lo llamaremos, inspirados en  el intelectual haitiano Laënnec Hurbon,  la operación amnésica.  

Pues, la esclavitud consiste, ante todo, en la destrucción de la memoria.  Sea bajo la forma de un vaciamiento, de una usurpación, de una distorsión o de otras formas.   

Pero, aquí no hablamos de la memoria exterior, es decir de la facultad de recordar hechos pasados, sino de una memoria más esencial.  Esa memoria a la que aluden la frase de Platón y el  pasaje de Rubén Dri que citamos en el epígrafe: la  memoria que posibilita a cada pueblo, cada grupo, y cada individuo, el reconocimiento de sí mismo.  

Dice Laënnec Hurbon:

"El esclavo deportado de África debió pasar por una amnesia cultural para ser reducido a su condición de esclavo. Es decir, devino un ser desnudo, despojado, sin predecesores, sin descendentes, sin origen. Un ser socialmente muerto..."

Esa ‘amnesia’, esa ‘muerte social’, esa reducción del otro a la condición de objeto, no podría provocarse por la sola fuerza y violencia físicas, sino que requiere de un proceso más sutil.  Requiere de una acción de avasallamiento que concierne al entramado vital y simbólico, a toda la fina malla  de interdependencias corporales, psíquicas y espirituales, sin la cual ningún hombre podría ser tal.

La operación amnésica de los esclavos haitianos comenzó con el secuestro y el destierro, siguió con el sometimiento a una autoridad y un modo de vida que les era totalmente ajeno, implicó la privación de todo derecho, y se perfeccionó con el bautismo católico impuesto por decreto real de la corona francesa y administrado por el clero colonial.      

Así, de un modo muy concreto se los despojó de su tierra, de su libertad, de su entorno humano, de su cultura, y de su propia relación con lo divino.

Es claro que, como planteaba Hegel, el esclavismo implica una absoluta negativa a brindarle al otro el mismo reconocimiento que se exige para sí. Y por lo tanto, una negativa absoluta a reconocer al otro en su condición humana.  

Pues, el esclavismo no consiste tanto en la explotación abusiva y violenta, que es, más bien, su efecto, sino en la arrogancia omnipotente por la que alguien se quiere a sí mismo absoluto frente al otro.  Y esa autoafirmación absoluta implica necesariamente negar al otro, reduciéndolo a la dimensión de un mero objeto o bien aniquilándolo.

A la inversa, el mutuo reconocimiento de los hombres constituye el ámbito propicio para la libertad. 

Y bien, los esclavos haitianos pudieron recordar el origen y los símbolos que tenían en común, y a partir de ese mutuo reconocimiento lograron superar la amnesia. Entonces, se constituyeron como una comunidad verdaderamente humana y capaz de luchar por su libertad.     

Dice al respecto Laënnec Hurbon:

“La primer fase de la revolución de los esclavos a sido justamente el trabajo de reconstrucción / reconstitución de una cultura propia a través de la recreación del tiempo y del espacio, y por lo tanto el acceso a nueva relación con el origen, es decir con el África perdida”

Pero esa ‘reconstrucción de una cultura propia’ de la que habla Hurbon, suponía algo más que lo que el hombre moderno y secularizado de hoy suele asociar a la idea de cultura... 

Sucedió que entre los hombres y mujeres que fueron secuestrados y transportados al Caribe, a la isla llamada, en ese entonces, Saint Domingue,  viajaban sacerdotes.  Es decir, iniciados en la antiquísima ciencia sagrada del África. Ciencia que comprendía una teúrgia, una magia y una  medicina.  

Así, tan pronto pudieron, esos sacerdotes comenzaron un difícil proceso de reconstrucción de su sabiduría hierática. Bajo condiciones de extrema indigencia y coacción, lograron   reconstruir los ritos y la simbólica esencial de sus antiguas tradiciones y transmitirla  a los otros esclavos.  Fruto de esa reconstrucción y transmisión es el vudú haitiano.  

Y el vudú devolvió a los esclavos nada menos que su libertad... 

En palabras de otro intelectual haitiano, el escritor y vuduísta Milo Rigaud:

"... los sacerdotes del Vudú consultaron a las deidades y aprendieron de ellas, por vía de revelaciones sobrenaturales, el modo en que la batalla religiosa y política debía llevarse a cabo para alcanzar la victoria"

De modo que tras siglo y medio de esclavitud, siglo y medio también de lenta y penosa reconstrucción del vudú, en la noche del  14 de Agosto de 1791, en un lugar llamado Bois Caiman, un grupo de esclavos bajo la dirección de sus  sacerdotes celebró un rito vudú e invocó la ayuda del Dios supremo y de las grandes deidades de la tradición africana.    

Así, los esclavos superaron la amnesia destructiva a la que habían sido sometidos por los traficantes, los colonos, los reyes, y la Iglesia Católica. Ya que recordaron no sólo sus raíces culturales, su  origen y su dignidad, sino también, y esencialmente, su lazo con una realidad de orden trascendente.  

A la semana siguiente, bajo la dirección de sus deidades, los esclavos se lanzaron sobre sus opresores y los vencieron. 

La reacción de los esclavistas no se hizo esperar.  Por eso, tras el asalto inicial, siguieron doce años de dura y complicada lucha que culminaron con el triunfo del pueblo haitiano y el establecimiento de una república independiente. El primero de Enero de 1804 Haití se  estableció como la primera república negra del mundo.

El arquetipo de la liberación es claro:   se trata de la memoria recuperada.  Pero de una  memoria que no remite al  pasado sino a la verdad.  Una memoria en la que las representaciones del pasado (sean míticas o históricas) no hablan, al menos no principalmente, de acontecimientos ocurridos en otro tiempo sino que dan forma al reconocimiento del propio ser.  

Así, esas representaciones son, en esencia, las figuras mediante las cuales un pueblo, un grupo,  o un individuo recuperan, y a la vez constituyen, su identidad y su ser.    

A la inversa, el arquetipo enseña también que en toda forma de esclavitud, y de modo general en toda forma de abuso, se niega el reconocimiento del otro y se opera sobre el mismo algún grado de amnesia destructiva.   

Pues, tanto en las dictaduras y autocracias políticas, como en la trata de personas, en el abuso doméstico, y en la acción persuasiva a gran escala de la publicidad de las grandes corporaciones empresariales, y en muchas otras formas de avasallamiento individual y social,  se opera de algún tipo y grado de amnesia disolvente y distorsiva sobre los otros.       

Por eso,  los pueblos, grupos e individuos que fueron sometidos a la esclavitud o al abuso, en cualquiera de sus formas, y lograron liberarse, suelen luchar, y con mucha razón, en contra del olvido. 

Así, los judíos después del genocidio nazi, los sudafricanos tras la caída del apartheid, las democracias latinoamericanas tras el terrorismo de Estado, Etc.  

Y en un terreno distinto pero congruente con lo que decimos, no nos parece extraño que los especialistas en abuso infantil informen que el olvido o el recuerdo distorsionado del hecho abusivo sean muy frecuentes entre quienes lo padecieron. Ni nos sorprende que el recuerdo y la clarificación del abuso se consideren sumamente importantes, a pesar del dolor que acarrean, para la sanación de sus secuelas psicológicas.  

Ahora bien, y para ir terminando, la superación de la amnesia, la memoria recuperada, el recuerdo interiorizante, el reconocimiento de sí, son distintas modalidades del antiguo misterio, de inagotable significación, de Mnemosine.

Aquella fuente de la Memoria que inspiró a Platón su doctrina de la reminiscencia. En el marco de la cual el filósofo concibió a la anamnesis, el recuerdo,  como el resorte interno del conocimiento y del camino hacia la  libertad. 

En fin, hoy el pueblo de Haití sigue padeciendo una operación amnésica  dirigida específicamente contra el vudú, y perpetrada simultáneamente, a pesar de sus diferencias y rivalidades, por grupos activistas seculares, cristianos protestantes y católicos. 

A los cuales habría que agregar, aunque en otro plano, la acción a la vez estigmatizadora y ridiculizante de Hollywood; así como el efecto distorsivo del  comercialismo que, con su oportunismo y falta de seriedad, instala socialmente la imagen de un ‘vudú’ reducido a unos procedimientos de magia inferior para atraer amantes, conseguir trabajo o dañar a los enemigos.         

Pero, no sólo Haití y el vudú son objeto de una constante operación amnésica por parte de los colonizadores de conciencias, sino también otros pueblos, grupos e individuos, otras constelaciones de sentido, a lo largo y ancho de todo el planeta.

La esclavitud sigue vigente…  

Sin embargo, la gran lección del pueblo haitiano, es decir la enseñanza y el simbolismo inscritos en los hechos mismos de su  esclavitud y liberación, no puede dejar de ser escuchada ahí donde alguien sea capaz, todavía, de recuperar la  memoria de su propia humanidad…     

La esclavitud según William Blake 

Referencias:
La frase de Platón que utilizamos en el epígrafe pertenece al diálogo ‘Menon’ {Porrúa, Argentina, México}. En Internet se encuentran varias ediciones digitales de dicho diálogo. Entre ellas la siguiente: Pinche para ir

La cita de Rubén Dri del epígrafe está tomada de su estudio sobre los capítulos finales de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, y publicado con el título ‘La utopía que todo lo mueve’ {Biblos, Bs. As.}         

Con respecto al tipo de estudios que en el post hemos llamado  'socio políticos', y a pesar de la distancia que tomamos al respecto, hay uno que merece ser mencionado. Se trata  de 'Hegel y Haití', de Susan Buck Mors {editado por Norma}. Existe una edición digital en Internet:  Pinche para ir

Ese libro nos parece interesante por dos razones.  Por un lado, porque intenta vincular las ideas de Hegel sobre la esclavitud con la revolución de Haití. Y por otro lado, porque si bien la autora da muestras de no comprender claramente la significación del vudú en la liberación, al menos vislumbra su importancia. Y alcanza a vislumbrar  también las relaciones de muto reconocimiento que se establecieron entre vuduístas haitianos y masones europeos anti esclavistas.   

Dicho sea de paso, tras la constitución de la república de Haití, la relación entre vudú y masonería continuó, y fue causa de una gran preocupación en los sectores católicos europeos.  Pues, para esos sectores, a la amenaza mundial de la que consideraban una 'secta satánica', es decir la Masonería, se agregó en Haití la amenaza de la que llamaron la 'masonería negra' y a la cual consideraban igualmente 'diabólica' pero además 'antropófaga'.   

Al respecto puede leerse una interesante recopilación de documentos publicada en la website de la Universidad de Quebec: 'Documents sur la lutte de l’Église catholique contre le vaudou en Haïti au 19e siècle'Pinche para ir

La cita de Henry Corbin está tomada de su escrito ‘De la gnosis antigua a la gnosis ismailí’, incluido en ‘Tiempo cíclico y gnosis ismailí’ {Biblioteca Nueva, Madrid}.

Cabe señalar que Corbin ha planteado la necesidad de rescatar la dimensión de la hiero-historia en  muchos de sus trabajos. Con particular insistencia ese tema aparece en los textos breves que conforman  ‘La Imago Templi frente a las normas profanas’, publicado, junto a otros estudios, en el volumen titulado ‘Templo y contemplación’  {ed. Trotta, Madrid}.    

El pasaje del Deuteronomio corresponde a 26, 6-8 y se encuentra en la Biblia {Reina Valera, Sociedades bíblicas en América Latina}

La cita de Fredrich Weinreb pertenece a su libro 'El Yo oculto' {ed. Sigal, Bs. As.}. 

Los dos pasajes de Laënnec Hurbon pertenecen al texto ‘La révolution haïtienne: une avancée postcoloniale'.  Una edición digital del mismo se encuentra en el sitio de la Universidad de Quebec: Pinche para ir 

Hegel desarrolla su famosa dialéctica del amo y el esclavo, y la lucha por el reconocimiento, en el capítulo IV de su 'Fenomenología del Espíritu' {FCE, México}

La cita de Milo Rigaud pertenece a su libro ‘Secrets of Voodoo’ {City Lights Books, San Francisco}

De nuestra parte, hemos publicado en Internet un breve artículo, sin otra pretensión que el recuerdo y el homenaje, sobre el vudú y la liberación de Haití: 'Vudú y liberación' {Pinche para ir